¿Un placer? A más de uno se le habrá encogido el estómago ante estas palabras, porque hoy en día todo lo que tiene que ver con el trabajo es como una nube negra y poco de fiar sobre nuestras frágiles cabezas.
La gran jodienda, si me permiten la expresión (si no, también): El que trabaja está jodido, pues en general lo hace bajo unas condiciones económicas y/o morales lamentables; el no trabaja está más jodido, pues no cuenta con un medio de vida para poder satisfacer siquiera sus necesidades básicas.
Es ésta una visión terrible, allá por donde se mire.
Por ello se agradecen las miradas nuevas, miradas que se atreven a cabalgar la realidad, a expresar tanto nuestros terrores como nuestros deseos acerca de ella. Miradas que le quitan la máscara, que desentraman la estructura de lo real y, sin ocultarla o edulcorarla, se ríen de ella.
Un fotógrafo surrealista, el belga Koen Demuynck tiene esta mirada, ya lo creo que sí.
La gran jodienda, si me permiten la expresión (si no, también): El que trabaja está jodido, pues en general lo hace bajo unas condiciones económicas y/o morales lamentables; el no trabaja está más jodido, pues no cuenta con un medio de vida para poder satisfacer siquiera sus necesidades básicas.
Es ésta una visión terrible, allá por donde se mire.
Por ello se agradecen las miradas nuevas, miradas que se atreven a cabalgar la realidad, a expresar tanto nuestros terrores como nuestros deseos acerca de ella. Miradas que le quitan la máscara, que desentraman la estructura de lo real y, sin ocultarla o edulcorarla, se ríen de ella.
Un fotógrafo surrealista, el belga Koen Demuynck tiene esta mirada, ya lo creo que sí.
Una oficina maravillosa. Los felices empleados sonríen, saltan y se deslizan por las barandillas en pos de flotantes cartapacios. Todo lo que era pesado se transforma en ligero, el techo de la oficina ya no ahoga, incluso las relaciones con los compañeros han pasado a ser magníficas, casi como un juego.
Este muchacho se aferra a la mesa prácticamente con uñas y dientes. No sabemos si se trata de un estudiante o es alguien que opta a un puesto de trabajo; en cualquier caso el hombre encorbatado (representante de la sociedad adulta y responsable) quiere hacerle desistir de su empeño mediante un método tan real como poco ortodoxo.
Una joven mujer se ve obligada a huir, agobiada por los múltiples entrevistadores que desean contratarla. Éstos pugnan entre ellos como animales salvajes, rodando por el suelo y tirándose de los pelos a lo largo de un pasillo.
Uno de los candidatos, que presentaba su curriculum junto a otro, es rechazado. El entrevistador no se limita a decirle unas palabras hipócritas para despedirle, le lanza al espacio exterior oprimiendo un botón, ante el asombro y horror de su competidor, que no sabe todavía lo que le espera a él.Resumiendo... No todo es lo que parece, ni es tan difícil de cambiar como parece. Por favor, riámos un poco, señoras y señores, que para llorar siempre estamos a tiempo.