Los orígenes de la danza del viente se pierden en la noche de los tiempos, siendo como es uno de los bailes más antiguos del mundo. Se sabe que en principio se trataba de una danza ritual cuyo objetivo era alcanzar el éxtasis religioso, también el aumento de la fecundidad, se consideraba sacra y no podía ser presenciada por los hombres. Posteriormente se combinó con diferentes danzas del Medio Oriente y el norte de África, incluso mezclas de movimientos de origen gitano e hindú, pasando a bailarse en la intimidad de los harenes o como espectáculo en las residencias de las gentes adineradas. Durante los años 40 comenzó a popularizarse en Egipto, concretamente en los casinos mas fastuosos de El Cairo, hasta constituir una danza exhibida y practicada en todo el planeta.
Al verla, parece fácil de ejecutar, pero la danza del vientre implica la disociación y coordinación de las diferentes partes del cuerpo en distintos tiempos. Las rodillas deben encontrarse flexionadas, la espalda recta, los hombros alineados con las caderas, la pelvis inclinada, los glúteos apretados... La oscilación de los brazos es libre, siempre y cuando el codo no caiga por debajo de la cintura, pero caderas y abdominales deben vibrar independientemente para aislar figuras y ritmos, al igual que el pecho, cuyo movimiento se lleva a cabo, por extraño que parezca, mediante los músculos de espalda y hombros. A esto se añaden golpes rápidos, movimientos ondulatorios, rotativos y de desplazamiento en el espacio de danza.
A veces se incorporan al baile elementos sonoros o visuales como crótalos, bastones, sables, velos, incluso velas que la bailarina sostiene sobre su frente durante toda la danza. En cualquier caso, cuando la danzarina mire a los espectadores debe ser a los ojos; además de mantener alzada la cabeza con elegancia, disfrutará de los efectos que causa en ellos su movimiento.
Los beneficios de la práctica de esta danza para la mujer son evidentes. A nivel psicológico mejora la autoestima, la expresividad, la conciencia del cuerpo y de la feminidad propia, también contribuye a erradicar las inhibiciones y potenciar la aceptación. A nivel físico favorece la elasticidad motora, la coordinación y el sentido del equilibrio; de igual manera corrige defectos posturales (sobre todo en la espalda), alivia las enfermedades del aparato reproductor y facilita el parto. La danza del vientre es un medio de realización espiritual, una forma de aunar cuerpo y mente que incluso potencia la intuición.
La bailarina es Sonia; el intérprete de tambor, Issam Houshan.