Yolanda, una de mis compañeras del curso de Pothoshop, es como una cajita negra.
Pequeñita, reconcentrada, con un halo que se desprende de su cabello negro como obsidiana brillante, tieso como cientos de finísimas agujas hipodérmicas en actitud muy peligrosa. Una cajita de ébano pulido en la que de vez en cuando se abre una rendija, tal que el cofre de la maldición de Pandora, y deja escapar perlas negras de fantasía como pompas de jabón. Su mirada sombría, por encima de unas lentes rectangulares, es a ratos divertida, a ratos huidiza. Dos aves que vuelan hacia parajes con castillos tenebrosos y bosques llenos de bruma en los que los manantiales hablan y las setas crecen venenosas.
Me ha dejado un cómic manga, el primero que leo a conciencia de éste género, titulado "La mujer de la habitación oscura" y he tenido que preguntarle cómo leerlo. Los japos son muy raros, señores, ¡escriben al revés! ¿No será ella otra mujer en una habitación tenebrosa? Hum, no, tal vez sólo una rosa negra en este loco jardín del mundo, oscuro y cruel.
Gracias por la inspiración, Yolanda. Escribe mucho, sin importarte lo que digan de tus tinieblas, no olvides que todas las almas diferentes encuentran gran oposición.
Para tí, una de The Gathering.