No te acerques demasiado de no ser que quieras arder, porque cuando me enciendo ya nada ni nadie puede detenerme. Mírame, yo soy el mismo fuego. Mi cabello es de llamas, mis manos son hogueras en tu cuerpo, mi sexo un incendio que arrasa ejércitos enteros, sin piedad ni remordimiento.
Cuando tú has coronado la cima donde no existe el tiempo mi lumbre es capaz de ir más lejos, mucho más lejos, y a mi paso todo se convierte en cenizas y brasas candentes.
Mi ardor te parece infinito, es infinito. Yo soy la llama que se alimenta del combustible de tu aliento, la pira donde todos tus dioses nacen y mueren en un instante.
Yo soy la locura. Soy el éxtasis.
Yo soy el fuego. Soy eros incendiado.