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Los sueños de Akira Kurosawa

¿Recordáis como el balón de fútbol de Oliver y Benji, en la serie de dibujos animados, tardaba tres capítulos en alcanzar la red de la portería? Pues una sensación parecida me ha embargado al ver la película "Sueños de Akira Kurosawa".
Menudo tostón, ¿no? Pues no, es algo diferente. En los sueños de Kurosawa (cuyas imágenes acompaño aquí) el tiempo es de parecida lentitud, pero se vuelve elástico en las escenas debido a la presencia del sutil tejido onírico, e igual que en ellos el infinito se hace apenas en un instante y queda fijado en la retina.


No es la única cualidad singular que anima la película, su visionado es una oda a la Naturaleza en la que ésta se somatiza dentro de los personajes más pintorescos y poéticos, el miedo, la tristeza, las emociones en sí se tiñen de materia, los muertos se levantan y los cuadros hablan. Todo ello servido en capítulos que constituyen cada uno un "sueño", envueltos en bellos paisajes y vestuario espectacular, donde uno se hunde, literalmente, en escenarios surrealistas.

Es una joya impregnada de mística y poesía, acompañada de música tradicional oriental y piezas clásicas de impresionante intensidad que acentúan la impresión de las imágenes.
Nunca hubiera pensado que me sentiría tan fascinada por el este tipo de arte, pero cada vez que descubro una perla asiática de semejante calado, más me convence. Y, de hecho, me sorprende, tal vez por ignorancia, que la película halla podido ser filmada, dado el reducido público (imagino) que puede ser completamente sensible a ella.

Así que si os sentís capaces de visualizar una historia tan alejada de la comercialidad, sin desfallecer ante la ausencia de acción trepidante y guión cómodo, perdeos en los sueños de Akira Kurosawa. Sus ecos persitirán en vuestra memoria por mucho tiempo.

No dejéis de pinchar sobre las imágenes para verlas en grande. Y también aprovecho para comunicaros que las entradas del blog se irán espaciando debido a mi periodo de vacaciones :-)