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El valor del oro verde

Hablaba hace poco de plantas sagradas y me olvidé de las malditas, entre las que merece una mención estelar el tabaco. Ella no tiene la culpa si hacemos mal uso de sus propiedades, es cierto, y siendo la primera que puede entonar el mea culpa no voy a entretenerme en hacer valoraciones sobre los efectos perniciosos de mi conducta. Soy fumadora, por desgracia, y también espero que por poco tiempo más (¡tercer intento!). En vez de lamentarme y publicar horribles fotografías pondré el dedo en la llaga, la zarpa donde más duele a todo el mundo: en el bolsillo.
El tabaco es el oro verde, el rey de los números, el capataz malo de los esclavos. Su precio incluye los siguientes apartados, a saber:

- IVA (el 16% de su valor venta al público).

- Impuesto especial (1,5% de su valor venta al público).

- Impuesto proporcional (el 54% de su valor venta al público).

- Comisión del minorista (el 8,5% de su valor venta al público).

Es decir, que del precio de un paquete de tabaco el 80% son impuestos y un paquete de gama alta costaría unos 0,70 euros aproximadamente, incluidos los costes de producción, almacenaje y distribución. El resto sólo son impuestos.
España lidera el "ranking" de consumo de cigarrillos en Europa, con 9,5 millones de personas adictas al tabaco. En España el erario público recauda cinco veces más por la venta de tabaco que por la de alcohol. Ello supuso en el año 2009 un engrosamiento de las arcas del estado en 9.266 millones de euros.

El estado, como Dios, proporciona el tan cacareado libre albedrío a sus ciudadanos para que se maten con completa, sumaria autodeterminación. No pasa nada, hay confianza. Es el gran beneficiario junto con las compañías tabacaleras, ya que los productores en los países menos favorecidos, por norma general, naufragan en la miseria (el cultivo casi obligado de otras drogas ilegales puede suponer la sutil diferencia entre comer y no comer).

Pero, héte aquí que para lavar su conciencia -y sus sucios bolsillos- el estado aplica la norma que dice que "se puede reducir la demanda aumentando los impuestos, pues se sabe que aumentando el 10% del precio se reduce la demanda en el 4%". Fórmula mágica, en pro del bienestar del pueblo, que todavía no sabemos que gran sabio enunció.
Su tabaco, gracias.
Lejos de colaborar para fomentar el éxito real de tan excelsa hipótesis, el fumador ha hecho que el consumo de tabaco aumente en esta época de crisis económica, en que el hierbajo de marras se configura como la anestesia ideal para las muchas penas, con el curioso y llamativo resultado (legible en todo periódico que se precie) de que el aumento del tabaco de liar es ya de un 60%.

No pretende esta entrada generar ríos de polémica ni señalar especialmente a los culpables, que somos todos. Tal vez, simplemente, constatar cuan poco es el valor del oro verde para los que nos suicidamos con él, y cuánto el lucro que deviene de ello para otros.