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mayo 20, 2008

Aviso para navegantes


Sé que algunas almas estaban siguiendo un relato que publicaba por aquí, y ya dije yo que el asunto amenazaba con convertirse en una novela por entregas. Es más, ahora resulta que me gusta y quiero continuarlo hasta... hasta donde llegue, vaya.

Pero (siempre hay un pero) esto ha interferido con otro proyecto que tenía entre manos, hasta el punto de que he sido incapaz de llevar ambas cosas; los personajes del relato 'online' se me metían en el otro texto y viceversa, y comenzaban a organizarse, hacían huelgas, quemaban contenedores y arrojaban cócteles molotov.
Y Kira ya fue la gota que colmó el vaso.


La cuestión es la siguiente: desde la web de fantasía, terror y ci-fi, Sedice, han aceptado publicar el relato en el mismo formato por entregas que venía haciéndose aquí.
Teniendo ocho capítulos, y publicando uno por semana, eso me da margen para estructurar el otro proyecto y luego continuar en el mencionado portal hasta terminar este, que en su momento acometí a petición vuestra y por gusto mío. De tal manera que podré sacar adelante el otro texto, pasármelo pipa como antes y a vosotros no os dejaré sin final, que eso estaría muy feo y tampoco yo deseo hacerlo.

El relato ya tiene título: sleeper in metropolis (sorry, JJ, a la madre la dejaremos por imposible, pero ¡gracias!). Y saldrá publicado en unos días en http://www.sedice.com

Mientras tanto continuaré perpetrando entradas por aquí, a mi caótica manera, pero sin la exigencia moral anterior (toda mía, eso sí) que me atenazaba. Y por supuesto, seguiréis siendo bienvenidos si así lo quereis :-)

mayo 15, 2008

No disparen al pianista


La 2 ha vuelto a conseguirlo.

Después de asesinarnos el programa Miradas 2 (porque fue con nocturnidad y alevosía), nos ha ofrecido una nueva pequeña esperanza a aquellos que pensamos que la tele es... una mierda. Y la cosa es que no se trata sólo de un pensamiento, es una constatación que en su momento fue diaria, mando en ristre buscando algo que valiese la pena ver, y desfalleciendo continuamente sofá abajo. Y ahora es flagrante, vergonzosa; mejor no encender el dichoso aparato ese, que domina el comedor cual príncipe decadente de un imperio fallecido.

La tele de finales de los ochenta nos alimentó con deliciosas frikadas como la La bola de Cristal, donde a los dulces niñitos que éramos (o yo al menos lo era bastante) nos hacían soñar personajes tan "infames" como Alaska, Pablo Carbonell, Javier Gurruchaga, Kiko Veneno, Quique Sanfrancisco, Pedro Reyes, Santiago Auserón, Loquillo...

¿Ustedes creen que ahora nos van a motivar El Diario de Patricia o Supermodelo 2008, por poner un ejemplo? No nombro programas musicales porque últimamente los responsables de ¡todas! las televisiones, sobre todo las privadas, no piensan que ésta forma de arte, que éste conglomerante cultural, sea algo de vital importancia. Bueno, no piensan que nada cultural que alimente el espíritu sea relevante. Que narices: no piensan, y además quieren que nosotros tampoco lo hagamos.
Y que nadie se atreva a decirme que Operación triunfo es un programa musical, porque me cago en Risto y sus triunfitos por la vía rápida.

Pero con programas como el más arriba mencionado aprendimos a valorar la música por lo que tenía de creativo y de divertido, por lo que nos hacía sentir, y por cómo era capaz de removernos el cuerpo y el alma; y no por su aspecto comercial y fulero, no por el show gratuito y desvaído del talento desperdiciado y la lágrima fácil.
Como decía, La 2 ha vuelto a hacerlo, señores. Es increíble. Ahora hay un programa musical (¡alabado sea Dios!), los Jueves a las 21:30, donde, no se lo van a creer, hay música en riguroso directo y entrevistas a gente tan dispar como Huecco, Amparanoia, Juliette & The Licks, Manu Chao, Violadores del verso, Amaral, Pereza, Deluxe, Juanes, Ismael Serrano, Rosendo, Miguel Bosé... Os pueden gustar o no estos artistas, pero por lo menos hay variedad, y no es un calco visionado de Los 40 principales.

Yo ví este espacio el jueves pasado, lo juro. Pero estoy segura que debe tener una audiencia de pena, como los pedigueños que llevan prendida en la solapa la foto del niño muerto de hambre con un imperdible, y que no tardarán en plantearse retirarlo de la parrilla en favor de alguna porquería patria con el sello inconfundible del reality-show y el great-bussines.

Amigos queridos, ¿andandaréis?, echénle un vistazo a No disparen al pianista, aunque tenga un nombre horroroso. Que no nos lo quiten.

Para muestra un botón.
http://www.youtube.com/watch?v=224wK9cvce4


No seáis perros y pinchad, prometo que aprenderé a integrar los vídeos del Youtube en breve tiempo (por cierto, se aceptan didácticas al respecto). ¡Y qué vivan las niñas rockeras!

mayo 10, 2008

Un lugar del bosque

El otro día estuve siguiendo un camino de ajadas tablas de madera que recorre el parque natural de El Saler, que únicamente se puede transitar a pie. Todo era un verdor, y un olor a hierbas de maravilla.

Pero había también tramos que no tienen nada que envidiarle a esos bosques encantados de los cuentos de hadas. Sobre algunos recodos de la senda se combaban árboles amarrados por hiedras parásitas, formando túneles y arrojando sombras.



Parecía que estuvieran vivos. Ah, sé que árboles y plantas lo están, pero normalmente no nos damos cuenta porque no somos capaces de apreciar cómo se mueven.

Y en estas escenas de depredación arborícola había un dinamismo escondido, como en una fotografía que hubiera congelado el movimiento: la hiedra tirando del árbol mediante docenas de apéndices asesinos, y éste apoyado con firmeza en la tierra, resistiendo, ejerciendo una fuerza reactiva de lucha vital.

mayo 04, 2008

Un relato (VII): Luces


Madame Fatihja lo intentó un par de veces más. La energía que la asistía estaba allí. Su presencia compasiva era reconfortante, igual que siempre, y ella la veía como una luz brillante y difusa. Cada vez que el ser la tocaba la corriente fluía de su mano al agua, conductor mágico, y de ésta a la mano de la mujer del cabello blanco.

Pero algo iba mal, había un bloqueo oscuro que el ente luminoso no era capaz de traspasar; se erigía como una gelatina blanda y absorbente donde la energía quedaba atrapada, la luz se apagaba envuelta en pliegues de negrura. El ser se retiró y rodeó a Madame Fatihja, con un aliento del inframundo le susurró un secreto. La muerte se viste de dios y vela los ojos, dijo.
La mujer del cabello blanco estaba atrapada, había visto algo que no debía haber visto, y alguien había tejido sobre ella una telaraña que sólo comenzaba a cerrarse. Iría en aumento, extendería sobre ella hilos infectados de venenos narcóticos, llegaría a envolverla en un sudario de sueños, pero ¿qué más se podía hacer por ella?
Isabela logró atisbar unas imágenes perturbadoras: Fernando Luy en la cueva, cubierto de sangre, sus ojos oscuros y apasionados resplandeciendo; Caín aferrándose a ella en la cubierta del barco, con manos desesperadas que más parecían garras, tirando de ella hacia abajo, hacia abajo. Después un velo oscuro se interpuso y… nada más.

Fernando Luy pagó a la mujer, y ésta colocó las monedas sobre el altar, bajo los pies del extraño ídolo. La médium miró con inquietud a Isabela mientras el hueco entre el marco y la puerta se estrechaba; en la hoja de luz sostuvo la mirada unos instantes, entre la oscuridad que campeaba la escalera, como un ojo único, suspendido. Isabela sintió el impulso de volver atrás, hacia la luz, pero el hombre la tomó de la mano y la impulsó hacia la noche fría.

―Fernando, no sé si podré dormir con mi hijo en la casa ―dijo Isabela. No podía dejar de llamarle hijo suyo. Pese que él le había dicho que no concibió, que desde su desaparición del clan sólo habían pasado dos inviernos, que aquel niño de once años no podía ser suyo. Pero tiene mi cabello blanco, su sonrisa es como mi sonrisa, y tiene los ojos oscuros de Fernando. Mi niño… mi niño no puede ser una cosa ajena, no puede ser… una cosa.
―Escucha, debes actuar como siempre. No sabemos de donde ha salido ese niño ni por qué está contigo, pero lo que está claro es que no te hace ningún bien ―adviritío él―. Debo consultar a nuestra gente, tal vez habría que llevarlo al clan y… y hacer algo.
―Mañana he de volver al trabajo, no puedo pasarme la noche en vela.
―Serenate, Isabela. Si el chico hubiera querido violentarte ya lo habría hecho. Precisamente es mi presencia lo que podría hacerle sospechar.
―Yo...yo te agradezco lo que has hecho hoy por mí. He comprendido que el agujero no era otra cosa que la cueva, eso ya no puede hacerme daño, pero tengo un desasosiego aún más grande. Por favor, quédate ―suplicó.
―No puedo hacerlo. ¿No comprendes que eso podría suponer mayor peligro para ti?

Después de unas palabras amables Fernando Luy salió del patio y le vio perderse entre la bruma con su moto eléctrica. A lo lejos, la mancha roja del faro trasero parpadeó un par de veces, y fue devorado por la niebla y por el negror de los rascacielos. Por un momento deseó que la hubiera besado, pero él tampoco lo hizo.
Mientras el ascensor traslúcido subía a través de la noche, pensó que no le guardaba rencor. El elevador perforó la capa de bruma, revelando el negro esplendor de Ciudad Kremlin, y las agujas de los edificios más altos atravesaron el corazón de Isabela. Les tributó unas lágrimas. Sintió que una luz hermosa había crecido dentro de ella, devolviendo el recuerdo, haciéndola dichosa. No la dejaría morir, la atesoraría en el fondo, donde las cosas preciadas.

Al abrir la puerta lo supo. El chico estaba en mitad del corredor, silencioso, como una estatua. Una claridad mortecina, de noche urbana, provenía del ventanal de la sala y alumbraba su silueta desde atrás. Su cabeza de niño con pelo blanco, sus bracitos de niño, sus piernas de niño eran de tiniebla, teñida apenas por unos recortados resplandores. Parecía un muñeco roto de alambre. ¿La estaría mirando? Isabela se quedó paralizada, dudando entre avanzar o huir. Vio caer un chorro líquido, brillante a contraluz, tintineante; el niño se estaba orinando encima.
Un terror absurdo se apoderó de ella mientras observaba como el pequeño charco iba formándose en el centro del corredor. Se encogió en la oscuridad, pegada a la puerta de entrada y con la llave en la mano todavía.
―¿Mamá? ―dijo Caín― Mamá ¿eres tú?
La voz del niño fue como una bofetada, como el restallar de un trueno. Su cuerpo reaccionó antes que ella, y corrió y le abrazó con fuerza. Olía mal, a orines y sudor, pero no le importaba.
―Sí, estoy aquí, soy mamá.

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IMPORTANTE: Necesito un título para este relato y me gustaría que vosotros, que lo habéis seguido, le dierais el nombre que todavía no tiene. Sería para mi un honor escoger una entre vuestras ideas. Si queréis hacerlo, claro :-)


mayo 02, 2008

Razón de peso

Me he mantenido apartada de estos lares unos buenos días, y como digo por una razón de peso. Pesa exactamente trescientos veinte gramos y está llena de pelo.

La susodicha precisa recibir un biberón de leche especial calentada al microondas, y suministrada con infinita paciencia mediante una jeringa enana, cada dos horas aproximadamente. Este último par de días lo hemos estirado hasta las tres horas (¡aleluya!).

Aprendo un lenguaje nuevo, instintivo, de ese que ha de captarse vía entraña. Esta tarde, por poner un ejemplo, he constatado que un largo y sostenido miiiiiiiiiiiiiiu viene a significar: me importa tres cominos la pelotita que me has comprado, deja de pasarmela por las narices y dame leche. Ya.
La cosa tiene sus ventajas, cuando la reinona ha comido le place ponerse patas arriba y a una se le cae la baba por ambas conmisuras, de puro contento.


Después de esta aventura, ahora que comienzo a recuperar mi parcela de persona humana, voy a retomar la escritura.

Bueno, y se llama Kira.